Generales

Buenas prácticas para ambientes sanos y seguros en la Iglesia

06-01-2019

La Iglesia se preocupa de generar ambientes donde primen modos de relación respetuosos de la dignidad de todas las personas de la comunidad.

Indicadores 

1 . La Iglesia promueve un modo de relación que supone el respeto y reconocimiento del otro, adoptando medidas cuando se incurre en transgresión de los límites inherentes a toda relación pastoral. 

  1. La Iglesia identifica señales de comportamiento que revelan la existencia de abuso de poder y manipulación de conciencia, tomando medidas cuando se incurre en dichas prácticas. 

  1. La Iglesia vela para que toda persona que preste servicios en ella, cumpla con criterios de idoneidad para contribuir a lugares que generen un buen trato y eviten abusos de cualquier índole. 

 

            Revisar los estandares e indicadores de buenas prácticas de prevención en: www.iglesia.cl/prevenirabusos

 La Epifanía del Señor es la fiesta de la manifestación del Mesías, Luz  del mundo, a  toda  la  humanidad   personificada  en unos sabios (los “Reyes Magos”) venidos de Oriente.  La Epifanía es una  prolongación de  Navidad que  presenta  la destinación universal del Mesías Servidor.

 

Un viaje lleno de contrastes

El   Evangelio  que  leímos  en  Navidad nos  mostraba  a  los pastores  –un  grupo marginado en la sociedad judía– como los primeros que acuden al Niño del Pesebre. Hoy se nos presenta a unos paganos como los primeros adoradores  del  misterio de Dios en  el Niño Jesús; todo  esto  ocurre mientras los judíos piadosos e importantes permanecen  indiferentes, y los poderosos de  entonces  se  asustan  y decretan  una persecución.

Los “Reyes  Magos” salen  de  Jerusalén para dirigirse a la pobre aldea de Belén e ir al encuentro del hijo de María. Son guiados por el signo luminoso de una estrella en el cielo hasta una sencilla casa en la que encuentran una escena común y corriente (entraron en la casa y vieron al niño con María, su Madre,Mt 2, 11). Ante esta escena familiar de un niño con su madre, los sabios venidos de lejos se arrodillan y lo adoran, y en medio de

la humilde casa y ante la escena familiar de una mamá con su hijo, ofrecen sus preciosos regalos. La luz de la fe es la que muestra que los contrastes están llenos de sentido.

El Mesías según Dios

La manifestación del Hijo de Dios entre los contrastes del viaje de los sabios venidos de Oriente es el signo de que toda la vida de este Niño será –como dijo el anciano Simeón a María– un signo de contradicción (Lc 2, 35).

 

Jesucristo no es el Mesías esperado como el guerrero victorioso que aplastaría a los enemigos de Israel, sino Aquél que es manso y humilde  de  corazón. No es  el  Mesías esperado como un sacerdote que restauraría el culto del Templo, sino Aquél que se ofrece a sí mismo como víctima por todos. No es el  Mesías esperado  como  rey  poderoso que establecería un gran dominio lleno de esplendor, sino Aquél que no ha venido a ser servido sino a servir.

 

Nunca  acabaremos  de   sorprendernos ante  la Novedad de Dios, salvo que todo esto sea para nosotros –simplemente– una “historia conocida” en una “linda fiesta para los niños”.

  

 

 

 

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